El 2018 se recordará como uno de los peores ejercicios de la historia de los mercados financieros. Si bien el comportamiento de la renta variable podemos calificarla dentro de su comportamiento esperado, la gran sorpresa, por negativa, ha estado en aquellas categorías de activos con más presencia en las carteras de inversores conservadores. Categoría como retorno absoluto o fondos mixtos flexibles registrarán el peor año de su historia en términos de rentabilidad. Sin embargo, en términos relativos, la categoría con peor comportamiento, y por mucho margen, ha sido la renta fija.
Ninguna de las familias de fondos analizadas por Inverco -la asociación de las gestoras de fondos- está en positivo en lo que va de año. Los fondos más seguros (los de depósitos y bonos de corta duración), pierden de media casi un 0,5% en el año; los de deuda pública ceden un 1,31%; los de Bolsa española caen un 6,4% y los de retorno absoluto (que, en teoría, deberían ser capaces de esquivar las caídas de los mercados) registran unas pérdidas hasta noviembre del 3,67% (el cierre de diciembre mantendrá esta tónica).
Para contextualizar este dato hay que remontarse al crack de 2008. A pesar de las caídas de entre el 30% y el 50% en los fondos de Bolsa el 70% de los partícipes logró esquivar las pérdidas por la exposición mayoritaria en las carteras a fondos monetarios y de renta fija, que sí actuaron de refugio. Esta correlación negativa entre la renta fija y la renta variable no se ha dado en este ejercicio, algo absolutamente excepcional, y que provoca que 2018 vaya a terminar con unos resultados peores para el inversor medio que los obtenidos en el ejercicio de la quiebra de Lehman Brothers.
El 2018 será recordado como el año en el que ningún activo financiero ha servido como refugio para escapar de las pérdidas.
Sin embargo, este comportamiento radical del 2018 nos recuerda la verdadera naturaleza de los mercados, y la poca memoria de la que muchos hacen gala. Basta un año de comportamiento positivo generalizado, aderezado con una bajísima volatilidad, para que la sensación de ausencia de riesgo se generalizada. Así podríamos describir el ejercicio anterior, el 2017. Y debemos seguir recordando que el riesgo es consustancial a los mercados financieros; no es malo ni bueno, es un rasgo de su naturaleza. Los mercados tienen riesgo cuando sube, pero solo cuando los mercados bajan este riesgo se hace evidente para la mayoría.
Por ello, y dado que es imposible prever con certeza el comportamiento futuro de los mercados, debemos siempre mantener una posición prudente en términos de riesgo y humilde en términos de conocimiento. El futuro siempre será incierto, por lo que la mejor manera de enfrentarnos a éste es diversificando nuestras inversiones. Construir carteras sólidas y diversificadas regionalmente, por clases de activos y estilos de inversión, grado de capitalización, sectores, temáticas, tendencias… capaces de capturar oportunidades a nivel global.
Atrás queda ya el 2018. Tomemos nota y Feliz 2019!
Francisco J. Concepción · EAFI
Asesoramiento Financiero y Servicios de Inversión
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