Aunque esta columna de opinión habla de economía, mercados y finanzas, es obvia la relación entre la política y la realidad económica. Desde la regulación, la intervención de las distintas administraciones en la economía, la política fiscal, a la política monetaria y la gestión del tesoro público, resultan evidentes sus consecuencias económicas.

Existen otras muchas, tal vez no tan evidentes, pero que actúan de una manera decisiva en la formación de expectativas de los distintos agentes económicos, y que tienen su traducción en sus decisiones de ahorro e inversión. Lo anterior lo podríamos resumir con el término ‘confianza’. Y es que nadie que se comporte de manera racional invertiría en un lugar en el que se desobedecen las leyes, o en el que la regulación, incluso la más básica y fundamental, no es respetada o sea sometida a permanentes cambios.

No cabe duda que, en lo concerniente a nuestros mercados, se ha producido desde hace unos meses una divergencia entre el comportamiento de las plazas de nuestro entorno y el comportamiento de los activos cotizados en España, ambos negativos aunque ligeramente mejor para aquéllos. Como hemos insistido en varias ocasiones desde estas líneas, un análisis desapasionado de la situación puede transformar aparentes amenazas en importantes oportunidades de inversión.

La inestabilidad generada por el secesionismo catalán, la debilidad y deriva en materia fiscal y de ortodoxia presupuestaria del actual gobierno son los principales asuntos sobre la mesa, fuentes de preocupación recurrente en las reuniones con inversores y clientes, y han tenido reflejo en la propia evolución negativa de las cotizaciones de activos nacionales. La evolución de nuestro mercado en comparación con el conjunto de mercados europeos –salvo excepciones populistas- es claramente peor. Sin embargo, algo que a partir de una superficial aproximación pudiera resultar decisivo para desprenderse de esos valores, parece que un análisis más profundo y objetivo ha llevado a muchos a tomar posiciones en ellos.

Una de las fuentes de rentabilidad más importante es construir cartera en los peores momentos, aquéllos en los que parece que todo va a saltar por los aires. Esos momentos impregnados de un irracional pesimismo. Conviene mantener la calma y la capacidad de análisis que debemos tener, y no dejarnos llevar por la pasión o el calor de los acontecimientos. Y esta recomendación no solo sirve para los momentos de zozobra, sino también para los momentos de euforia.

Las grandes rentabilidades surgen tras períodos de fuertes recortes, motivados en ocasiones por unas expectativas excesivamente negativas que acaban hundiendo las cotizaciones. No obstante, esos mismos momentos son vistos como oportunidades para comprar excelentes negocios a excelentes precios, que es al fin y al cabo lo que anhelamos poder hacer como inversores.
Las condiciones de inversión pueden cambiar enormemente en los próximos cinco años a partir de las complejas condiciones actuales. Sin duda es algo que no podemos controlar. Así que centrémonos en lo que sí podemos controlar, en nuestro círculo de competencia, y antes de tomar una decisión analicemos objetivamente la situación.

Francisco J. Concepción
EAFI, nº 65 registro CNMV
Socio As. Financiero PARANGON Family Office · www.franciscoconcepcion.com